Nuestra Historia

IAPB

El Instituto Agrícola Pascual Baburizza (IAPB) se funda en octubre de 1941 con el objetivo de difundir y promover el adelanto de las ciencias y de las artes relacionadas a la industria agrícola. Don Pascual Baburizza dejó en su testamento los recursos necesarios para la construcción y funcionamiento de la escuela, dotándolo de la infraestructura necesaria para funcionar.

Con la reforma agraria de los años 70, que tenía como objetivo modernizar con nuevas tecnologías el campo chileno y la repartición de latifundios a pequeños campesinos, se produjo una disminución en la superficie agrícola del Instituto. Esta medida generó una reducción económica que complicó los costos de la educación gratuita entregada a sus estudiantes.

En 1990, don Andrónico Luksic Abaroa, a través de la Fundación Luksic, se hace cargo del Instituto apoyándolo en mantener su infraestructura y el bienestar de su comunidad estudiantil. Renovó su infraestructura procurando asegurar la comodidad de toda la comunidad escolar.

En la actualidad, el IAPB cuenta con un predio de 35 hectáreas que sirven de sala de clases, donde los docentes del área técnica realizan actividades en contexto real. Sus egresados cumplen con eficiencia una variada gama de competencias para el mundo agrícola y para el siglo XXI, siendo reconocidos a nivel nacional.

Pascual Baburizza

Pascual Baburizza Soletic nació el 28 de abril de 1875 en Kolocep, una pequeña isla en Croacia. Su infancia transcurrió en un período de grandes convulsiones políticos-sociales en la zona de los Balcanes, que se encontraba bajo la dominación del Imperio Austro Húngaro.

A los 17 años, en búsqueda de un mejor pasar económico, llegó al norte de Chile atraído por el auge económico del salitre. En sus primeros años, trabajó en una ferretería y luego en una mercería. Debido a su interés en los negocios, llegó a ocupar un alto puesto en el ferrocarril salitrero de Iquique, para luego convertirse en socio de una industria de carnes.

Se hizo experto en el comercio, por lo que tomó a su cargo el suministro de la mayoría de oficinas salitreras. Por otro lado, empezó a comprar carne directamente, seleccionando al ganado los valles de Aconcagua, O’Higgins y Colchagua. En estas visitas se inspiró para crear un conjunto de empresas agrícolas.

En 1918, veintiséis años después de su llegada a Chile, terminó la guerra en Europa. Con la oportunidad de volver a su país, Pascual decidió quedarse para continuar desarrollando sus empresas e incursionar en el negocio salitrero, llegando a tener una de las fortunas más importantes de América.

Andrónico Luksic

Andrónico Luksic Abaroa nació en Antofagasta el 5 de noviembre de 1926, hijo de Policarpo Luksic, un inmigrante croata, y Elena Abaroa, antofagastina. Estudió Derecho en la Universidad de Chile y luego residió en Francia por tres años. Ya en esta época evidenció su interés por los negocios. Su agudeza y austeridad le permitieron hacerse allí de un pequeño capital, con el que posteriormente adquirió un porcentaje de una concesionaria Ford en la ciudad de Antofagasta.

En 1950 compró su primera mina, Portezuelo, en las cercanías de Antofagasta. Ésta la vendería años después a unos inversionistas japoneses, en un precio mucho mayor de lo que nunca soñó. Con ese capital continuaría incursionando en el sector minero, una pasión que lo acompañó toda la vida.

Su seriedad y los ahorros que siempre se esforzó por reunir, le permitieron ingresar al mundo empresarial, adquiriendo diversas compañías desde fines de los años ‘50. La crisis de los ‘80 lo encontró con liquidez, algo que siempre procuró tener. En esa época adquirió CCU y el Banco O’Higgins, entre otras compañías.

En los años siguientes se dedicó intensamente a la exploración. Salía él mismo a recorrer el desierto y los cerros, en busca de yacimientos y minerales. En una entrevista señaló: “muchas de las minas que poseo las encontré en los recorridos que por años efectué en el norte de Chile”.

El empresario se despidió del mundo de los negocios el 5 de noviembre de 2004. Al cumplir 78 años abandonó la última presidencia que ocupaba, la de Antofagasta PC, compañía que maneja el negocio minero de la familia Luksic. El emprendedor que partió en los años ‘50 distribuyendo vehículos Ford, llegó a formar un sólido conglomerado empresarial que es uno de los 10 mayores productores de cobre del mundo y tiene presencia en los sectores financiero, manufacturero, de cerveza, vinos y bebidas, energía, transporte y servicios portuarios.

Sus últimos años de vida los dedicó casi por completo a la actividad filantrópica. Convencido de que era su deber contribuir al desarrollo de Chile colaborando en sus necesidades sociales, desde la década del ’60 el empresario estuvo involucrado en organizaciones sin fines de lucro y en diferentes proyectos filantrópicos.

Su foco preferido siempre fue la educación. Acostumbraba a decir que él había tenido muchas oportunidades en su vida, y que era su deber y el de su familia, ofrecer oportunidades a muchos otros chilenos. La relación de Andrónico Luksic Abaroa con el IAPB siempre tuvo un componente afectivo. Nunca ocultó que el establecimiento era su proyecto social preferido.

El IAPB fue fundado por Pascual Baburizza, empresario croata y salitrero a quien Luksic Abaroa admiraba y agradecía mucho. Baburizza no sólo era minero y croata como él. También, fue quien le dio empleo a su padre, Policarpo Luksic, a inicios del siglo XX, después que éste llegara a la ciudad de Antofagasta desde Croacia con apenas 17 años y sin hablar una palabra de español.

Esa historia familiar fue lo que lo impulsó a Andrónico Luksic Abaroa en 1990 a involucrarse en el proyecto del IAPB, cuando éste se encontraba en dificultades económicas. Su capacidad empresarial y su amor por la educación serían un importante impulso para el establecimiento.

Don Andrónico Luksic Abaroa falleció el 18 de agosto de 2005 en su residencia de Santiago. Sus hijos y nietos continuaron con el legado del fundador. Hoy la familia Luksic administra siete fundaciones y un importante número de iniciativas filantrópicas.